Mientras,
como es costumbre, tozo recuerdo cuando brillaba mi pelo, mis tetas eran formes
y mi corazón libre y altanero. Esa época dorada y no lo digo por cliché sino
por mi cabello, ese cabello mío tan hermoso que era.
Me
acuesto y empiezo a soñar, miro mis piernas tan esbeltas, tersas y firmes, con
estas patas podría conquistar a cualquiera. Miro mis brazos sin manchas, mi
tono hermoso de piel, canela hollywood como algunos les dicen.
Ahora
que soy joven y bella miro el cielo y veo las nubes, me pierdo en su suavidad,
ese algodón me atrapa y recuerdo cuando trabajaba para los grandes diseñadores
en Milán, confeccionando en algodón todo tipo de prendas.
Ese
algodón también me recuerda cuando Harold y yo íbamos de novios al parque de
diversiones. Él era tan guapo. Recuerdo que cuando nos subíamos a las
atracciones acuáticas intentaba que le callera todo el agua a él para verlo
todo mojado y excitarme sin que nadie se diera cuenta.
Mi
Harold, recuerdo esas noches de pasión cuando al día siguiente corríamos a
confesarnos, cada uno tan apenados por realizar tantas locuras en la cama. Mi
querido Harold odio que te hayas ido no solo porque me dejaste sola y sin
dinero, sino que dejaste un hueco en el colchón que cuando me muevo caigo en él
y por lo general amanezco al otro día con dolor de espalda, por tu ida he
gastado millonadas en calmantes para el dolor.
Nunca
entendía bien si moriste de paro o moriste parao, no soy buena en vocabulario y
no me esmero en investigar sobre cosas dolorosas como “el como moriste”.
Vuelvo
a la realidad, camino por el parque con esta cabeza en un mar de recuerdos, me
tropiezo y caigo en plena manga, desde siempre tan bruta y torpe, aún con ese
golpazo miro el cielo y veo una nube con forma de pene, me recuerda cuando vi
el primero en mi vida, valla que era grande, esa era de las pocas cosas buenas
de Harold, recuerdo mi inocencia, recuerdo mi adolescencia.
Veo
otra nube, tan esponjada, me recuerda las ovejas, me recuerda mi pelo crespo y
plateado, triste y nostálgica trato de pararme de este arbusto y me toco los
senos, luego las cadera, y entra en mi el increíble peso de la edad (aunque ya
con este peso de grasa me bastaba).
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pilares en mi espalda me proporcionan estos cansancios, estos dolores y estas
ganas de jugar cartas y al bingo. Mi vida hace mucho tiempo ya dejo de ser
interesante, pero me da igual.
Vuelvo
a toser y sigo mi vida tan vacía esperando que pronto me visite esa amiga tan
esperada, la muerte.

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